miércoles, 16 de agosto de 2017

Has vuelto a la ciudad.

Has vuelto a la ciudad
y no me has escrito.

*       *       *

Recuerdo los paseos infinitos,
a las calles dándose el esquinazo
antes de llegar a su destino,
serpenteando a destajo.

Las cuestas subían abajo
y confundidas bajaban arriba.
No le importaba al mapa un carajo
el cansancio de esta vida.

Las piernas y pies tropezaban
con las velocidades dispares
-riendo sin caer se tropezaban-
de nuestros distintos andares.

En las ventanas los girasoles
velaban nuestra andadura.
Se llenaba el atardecer de colores
negando la noche oscura.

Tu pelo brillaba almohadillado
como una nube que incuba al sol
como un destello rubio despeinado,
temblorosa llama de un farol.

Caminaba a tu lado perdida
por senderos conocidos de hace tiempo
porque desde tus ojos se me ofrecía
un mundo nuevo y atento.

Acuno este recuerdo para mí
(yo no sé si tenga amor la eternidad).
Paseaba de tu brazo por Madrid,
qué rápida fue la felicidad.

*       *       *

Has vuelto a la ciudad
y yo solo quiero contarle a quien quiera escucharme
lo mucho que me gustaba
pasear colgada de tu brazo.

viernes, 14 de julio de 2017

Los hijos que nunca tendremos.

Los hijos que nunca tendremos
se meten arena en la boca
del jardín del que un día me hablaste.
Las hojas del limonero del sueño
ya no perfumarán tus partituras y mis libros
ni mis dibujos ni tus logros.

Los hijos que nunca tendremos
se aferran fantasmas a mi falda,
llenan mis oídos de sus llantos
que al no existir, son los míos.
Tiran del hilo de una vida juntos
y lo destrozan jugando.

Los hijos que nunca tendremos
no visitarán a su padre al hospital
ni a su madre al cementerio.
No verán canear nuestro amor vivo,
ni soñarán a los veinte años
con ponerle un nombre raro a nuestros nietos.

Los hijos que nunca tendremos
visitan los lugares donde fuimos felices,
que ahora voy llenando con otros recuerdos
más inofensivos y menos asesinos.
Se van sin sufrir por el desagüe
de todas las duchas en que no nos besamos.

Los hijos que nunca tendremos
me duelen en el vientre y en la garganta.
Me duelen en tus ojos
incapaces de ver el presente y llamarlo futuro.
Me escuecen en tus oídos
capaces de escuchar mi voz e ignorarla con canciones.

Los hijos que nunca tendremos
se ríen ante mí y ante ti se esconden,
burlándose del pájaro que creyó
que no rendirse deviene en victoria.
Ocultándose de aquel que tuvo miedo
y tiempo después decisión y luego vergüenza.

Los hijos que nunca tendremos
son rollizos y hermosos,
tienen tu pelo y mis ojos.
Han sido devorados por Cronos,
incluso antes de ser una idea en el mundo,
para no conocer a los padres que nunca seremos.

viernes, 9 de junio de 2017

Disección.

Me enfrento al folio vacío
y me devuelve,
espejo mágico
reflejo introspectivo,
una panorámica al detalle de mi interior.

Vacío.

     *     *     *    

La respiración no es muy fuerte,
los pasos apenas apoyan las puntillas,
pisada de pluma,
cuerpo fundido con el aire.

El silencio que busco para no despertar la fauna decadente que soy yo:

Corazón de pulpo gigante,
sangre tinta que se inyecta sucia por las venas,
tentáculos como boas que constriñen los órganos.

Ojos de ciervo en un incendio.
Ni llorar toda la eternidad podría apagar el fuego,
tal vez sí secar las ganas de entender.

Pies de ala de sirena
quimera imposible como oxímoron absurdo.
Hermes con los tobillos rotos.

Tacto de ortiga
confundiendo el suelo y el cielo,
al amigo con la manzana podrida,
suavidad con veneno.

Boca,
[
inservible
mentirosa
traicionera
]
Boca camaleón en el último día de carnaval.

Palabras que no quieren salir pero salen:
voz polluelo naciendo en nido equivocado.

Sueños de tigre enjaulado:
desea escapar
y no sabe adónde.

domingo, 21 de mayo de 2017

La apatía.

Si la tristeza es no encontrar razones para levantarse de la cama,
la apatía es no buscarlas
ni quedarse ni irse,
porque da lo mismo fuera que dentro
izquierda o derecha
abierto o cerrado.
Es igual
seguir en la cama
que despertarse.

La apatía es este aburrimiento vital,
el vacío que deja lo importante
cuando ya no te ilusiona.

La apatía es pararte,
o no,
respirar por la inercia del instinto,
sentarte con la mirada clara,
brillante por las lágrimas que no cayeron,
los párpados abiertos por pura supervivencia,
la pupila prístina como la espera del paciente,
del que está y,

sin esperar nada

(el pasar del tiempo
el día acabando
y la mañana que llega indiferente)

solo es capaz de seguir estando.

martes, 14 de marzo de 2017

Proceso.

Los ojos de gacela corriendo,
las lágrimas de querer seguir sufriendo.

   *     *     *

Te habría acompañado al mismísimo infierno si no tuviera miedo de que únicamente retornara uno de nosotros.

   *     *     *

Me limpio con agua clara, dulce y ardiendo
para desatascar el llanto
para alejar los daños.

   *     *     *

Y aún así
cuando antes de salir a la calle miro al sol,
no me maquillo los ojos
por si,
en el momento más feliz del día
las marcas del recuerdo quieran tiznarme el rostro.

   *     *     *

Soy lo que siempre fui:
dos ojos, dos manos, un cuerpo, estómago y un corazón.
Fue la ebriedad del amor la que me hizo verme doble.

   *     *     *

Sonrío,
y a cambio el cuerpo me duele porque no lo salvo de tu ausencia.

   *     *     *

Antes sabía estar sola, ahora me cuesta estar sin ti.

   *     *     *

Dos veces he pasado frente a tu casa,
dos veces he oído la llamada en mi pecho y no en tu puerta.

   *     *     *

Podría vivir hazañas maravillosas
aventuras prodigiosas
historias magníficas

y al acabar,
si me preguntaran,
solo contestaría que estuve echándote de menos.

   *     *     *

Hay sobre tu cuerpo una silueta de tiza blanca.
Es mi cuerpo.

sábado, 11 de marzo de 2017

15:58, exceso de todo.

Visto la piel salada
desde que no conseguí saltar el acantilado
sin caerme;

entre ahogarme y destrozar mi cuerpo contra las rocas,
mi muerte favorita comienza por despedirme.

2. Sobre la incondicionalidad.

Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa. 
Se equivocaba. 
Rafael Alberti


Lo sorprendente de la incondicionalidad
es justamente eso,
que tatúa un 'siempre' donde antes vivieran las dudas,
y sin orden ni concierto,
se construye un hogar en los muros de carga de mi cuerpo.

Lo bueno de la incondicionalidad
es justamente eso,
que es escalera a la que agarrarse cuando no hay red,
y sin arnés ni miedo
miro hacia abajo miro hacia arriba y solo encuentro tu sonrisa.

Lo malo de la incondicionalidad
es justamente eso,
que siendo escalera y muro de carga,
y aun sin escrituras ni peldaños,
no puedo esconderla en la maleta del futuro que nunca tuvimos,
y olvidarla.