martes, 12 de diciembre de 2017

10:28 am de un martes.

El mundo amanece de nuevo,
el sol comienza su baile en el horizonte
y una vez más con su suicidio amenaza,
como el eterno ir y venir de Caronte.

Yo nací un día frío como éste,
quizás por eso nunca aprendí a abrazar.
Sé más de rubores por vergüenza
que de amores que llegaron por azar.

Nunca he tenido muchas certezas,
jugué a la confianza como a la ruleta rusa,
apreté el gatillo pocas veces pero fatales,
de mi propia vida me proclamé exclusa.

"Entre todos la mataron y ella sola se murió".
Destrozada por la adversidad tomé una resolución:
con el puñal entre tus dientes me di el golpe de gracia
rezando por haber llegado al punto de inflexión.

Ahora con mi sangre bajo las uñas
pido no mancharme con la vuestra las manos,
que si me quieren sea sin hacerme daño
y ser un poco menos frágil todos los veranos.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Si volvieras a mirarme.

Solo podré recobrar mi rostro
cuando tú vuelvas a mirarme.

Si tus ojos llenos de amor
esta vez sí honesto y puro;
si me viera de nuevo reflejada
en la adoración de tu futuro,
con la ausencia de dudas
como única bandera;
si fueran mi faz y mi luz
aquello que quisieras mirar,
solo entonces
yo podría recobrar mi rostro.

martes, 14 de noviembre de 2017

Quién soy.

Por favor,
si alguien me reconoce,
que me mande las señas de mi casa,
que yo ya no sé quién soy si no eres conmigo.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Renuncio.

Locos que decíais
nunca jamás
rápido
repetidlo
Samuel Beckett

Renuncio.

Renuncio a la vida cómoda,
al beso de buenas noches,
al madrugar cada día.
Renuncio a la pensión que de todos modos no me llegará,
a los años trabajados de mis abuelos.
Renuncio al día a día,
a la compra a plazos,
a la hipoteca de una vida que no quiero vivir.
Renuncio al conformismo,
a no llorar en los bancos de la calle,
a no morir de risa en los baños de bares.
Renuncio a la mentira fácil,
al pasar sin hacer ruido ante lo importante,
renuncio a fingir que algo me importa.
Renuncio a la gente, a las personas.
Digo "no" a decir: "sí, vale, vamos",
a seguir al precipicio a quien está convencido.
Renuncio, de hecho, a la seguridad
a la falta de dudas
a caminar muy recto por un pasillo que otros imaginaron.

Renuncio.

Renuncio.

No sé qué busco, ignoro qué aceptaré,
pero renuncio,

      porque en realidad no me queda más remedio:
      porque no puedo escapar de la locura,
      de valorar el suicidio varias veces al día,
      de crear como si así se cumpliera mi vacío.

Renuncio
y porque renuncio tengo miedo de mi miedo,
de huir de lo malo conocido
y morir en el intento.

Renuncio y digo: "nunca jamás",
estoy loca: "nunca jamás",
sigue adelante: "nunca jamás",
no te rindas: "nunca jamás",
quieta: "nunca jamás".
Renuncio: "nunca jamás".

sábado, 14 de octubre de 2017

Octava italiana y romántica.

"Lo atroz es no querer saber quién eres
agua pasada, tierra quemada
que de igual esperarte o que me esperes..."
Agua pasada - Joaquín Sabina




Lo peor del amor cuando se acaba
es la pasividad de la normalidad fallida
la resignación del camino solo de ida
la falta sorda de la egoísta cotidianidad:
es el frío de la ausencia en las manos. 
Sucede que dormí sola extrañando tu ronquido, 
que lo más doloroso de esta broma del destino
es saber que todo funciona roto pero sin maldad. 


martes, 10 de octubre de 2017

Quiebro.

Yo quería escribir un soneto.
Quería ver lo hermoso del mundo
y contarlo en todas las artes
a todos los cuerpos que escuchan.

He mirado un futuro brillante,
una luna azul
junto a un sol amarillo sobre los tejados.

Soñé la incertidumbre
y la enfrenté:
cuando me faltaron las fuerzas
mantuve las ganas.

Tuve las posibilidades a mi alcance,
los caminos sin asfaltar esperándome.
He deseado crear lo bello
mas la destrucción me salió al paso.

Me he quebrado
y no hay un suelo de certezas del que recoger mis trozos.

Estoy perdida
entre todo lo que no puedo decir
y lo que no quiero escucharme.

No sobreviví al tercer día
y no conseguiré hacerlo ahora
sola
sin más corazón que aquel destrozo oxidado
sin más palabras que esas en las que no creo
sin más aliento que este llanto intoxicado.

Yo,
que he confiado en el mañana,
hoy únicamente pido que cuando me llegue la muerte
no duela mucho a los míos,
y que no tarde.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Dentro de cien años.

Dentro de cien años
cuando ya nada importe.
Olvidando los daños
del dolor que nos hicimos.

Enumeraremos las bajas.
Quitando flores muertas
sacudiremos la mortaja
del cariño que nos quede.

Estancada la sangre,
manos y labios azules.
Ya sin miedo ni hambre,
sentados en nuestras lápidas

miraremos al horizonte.
Será demasiado tarde
para preguntar a Caronte
en qué lugar esperarnos.